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Volver no es lo mismo que estar de vuelta

Septiembre tiene algo curioso. Volvemos, abrimos el correo, recuperamos reuniones, preguntamos qué tal las vacaciones y, en cuestión de horas, parece que todo debería funcionar exactamente donde lo dejamos. Pero las personas hemos vuelto. El equipo, quizá todavía no.

Desde la psicología del trabajo esto tiene bastante sentido.

El efecto vacaciones existe. Y también se acaba.

Las vacaciones funcionan como un periodo de recuperación. Nos permiten alejarnos temporalmente de las demandas laborales, descansar y reducir parte de la tensión acumulada.

La investigación muestra efectos positivos de las vacaciones sobre nuestro bienestar. El problema es que una parte de esos beneficios tiende a desaparecer cuando volvemos a exponernos a las mismas demandas.

Es el llamado fade-out effect.

Dicho de forma menos académica: puedes volver moreno, descansado y con 847 fotos en el móvil… y tardar sorprendentemente poco en volver a pensar que necesitas vacaciones.

Pero hay otra cuestión que nos interesa especialmente: no solo vuelven individuos. Vuelven equipos.

Un equipo también necesita volver

Durante unas semanas se interrumpen rutinas, conversaciones y dinámicas compartidas.

Además, no todos volvemos a la vez ni volvemos igual. Uno lleva tres semanas fuera, otro solo una. Alguien ha desconectado completamente y otro ha respondido correos desde la playa.

Y de repente pretendemos que el sistema vuelva a funcionar al 100%.

Quizá el primer objetivo no debería ser acelerar. Quizá debería ser volver a sincronizarnos.

Y aquí vemos tres necesidades especialmente interesantes:

1. Reconectar

Antes de recuperar tareas, podemos recuperar relaciones.

Y no hablamos solo del clásico “¿qué tal las vacaciones?” antes de empezar la reunión.

Hablamos de generar situaciones donde las personas vuelvan a interactuar, colaborar, reírse, tomar decisiones juntas y salir un poco de los automatismos habituales.

Volver a sentirse equipo.

2. Reenfocar

Después de varias semanas fuera es muy fácil volver directamente a lo urgente.

Correos. Reuniones. Pendientes. Y aquel proyecto que alguien decidió aparcar estratégicamente el 31 de julio a las 17:43.

Pero recuperar actividad no significa recuperar foco.

Septiembre puede ser un buen momento para preguntarnos qué es prioritario, qué necesitamos unos de otros y cómo queremos trabajar durante los próximos meses.

No solo qué tenemos que hacer. También para qué y cómo queremos hacerlo juntos.

3. Relanzar

Y finalmente está la dirección.

Compartir hacia dónde vamos, cuáles son los retos que tenemos delante y qué papel juega cada uno.

Porque la vuelta puede ser algo más que una reincorporación. Puede ser un pequeño nuevo comienzo.

No hace falta “arreglar” al equipo

Esta parte nos parece importante.

No creemos que una actividad de team building de dos horas transforme mágicamente un equipo.

Pero una experiencia bien diseñada sí puede generar en pocas horas interacciones, conversaciones y descubrimientos que difícilmente aparecerían delante de un PowerPoint.

Y septiembre es un momento especialmente interesante para provocarlos.

No porque los equipos vuelvan rotos.

Sino porque volver es una oportunidad para decidir cómo queremos volver.

En elmeetingpoint hemos llamado a esta idea RETORNOS.

Reconectar. Reenfocar. Relanzar.

Porque quizá la pregunta de septiembre no sea solamente:

“¿Ya estamos todos?”

Sino:

“Ahora que hemos vuelto… ¿cómo queremos volver como equipo?”

si tienes claro hacer una actividad diferente, ¡escríbenos!

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